En el marco de nuestro Centenario, nos hemos reunido el 1 de abril en Madrid con un grupo de amigos y amigas (algunos otros no pudieron asistir, aunque lo hubieran deseado), para dialogar sobre lo que nos habita como Hijos de la Caridad y lo que habita a cada cual en su camino de vida sacerdotal y religiosa. Aqui compartimos la aportacion de los Hijos. 


EN NUESTRO CENTENARIO
ALGUNAS CONVICCIONES Y RETOS DE LOS HIJOS DE LA CARIDAD EN ESPAÑA A LA LUZ DE LAS INTUICIONES DE NUESTRO FUNDADOR, J.E. ANIZAN
Para un diálogo con amigos y amigas encontrados en el camino

A. La base y la fuente de nuestra vida y acción pastoral: la experiencia del amor de Dios. Con Palabras de Anizan: “sumergidos en su adorable trinidad”.  Intentamos llevar diariamente la vida, la acción pastoral, las personas a la oración personal y comunitaria.
Un desafío: el activismo. Que la acción pastoral no tenga de fondo una experiencia mística sino, organización, análisis, eficacia.
B. Pasión por la persona de Jesús. Toda ella, pero especialmente: Jesús Buen Pastor de “las muchedumbres abandonadas y sin pastor”. Su compasión. Meditación continua del evangelio y de la persona de Jesús.
Un desafío: que Jesús y su evangelio haga cuerpo con nosotros para comunicarlo a nuestro pueblo, con nuestra vida y nuestra palabra, que sea Él el único objeto de nuestro seguimiento.
De estos dos ejes de nuestra personalidad religiosa, nacen unas convicciones pastorales, enriquecidas en el tiempo:
1) Cercanía al pueblo pobre y trabajador, como estilo de vida, sensibilidad, conocimiento efectivo y afectivo.
2) Ya en tiempos de Anizan, y después en nuestra historia: atención a no despegarnos de la realidad concreta que vive la gente. Por eso, siempre hemos desconfiado de planteamientos demasiado ideologizados en la evangelización, que alejaban de esa realidad. De ahí nuestra opción por la pedagogía de los movimientos apostólicos.
3) Una clara valoración de todo “lo humano” (un viejo prejuicio en sectores de la Iglesia). La creación es tierra sagrada y amada por Dios, en especial la humanidad más herida. No desesperar del mundo, de la humanidad. Para Anizan, la principal pobreza de mucha gente del pueblo era la ausencia de experiencia de Dios y de su amor. Por eso, pastoralmente, es nuestra principal preocupación (también en la liturgia, los sacramentos, las actividades…). “Devolver al pueblo la inteligencia del cristianismo”, decía Anizan.
4) Otra constante: inventivos para devolver el protagonismo a los laicos en la Iglesia, luchando contra toda forma de clericalismo. Y muy especialmente a los más sencillos, donde existen perlas preciosas de gran valor. Esto es un desafío enorme, porque muchas cosas en la Iglesia están pensadas para una Iglesia aún muy clerical.
5) Esa creatividad y libertad es importante también para no encerrarnos en la estructura parroquial. La parroquia es nuestro terreno privilegiado, pero nuestro fundador siempre buscó abrir otros campos de presencia y apostolado, donde la parroquia no llegaba, según se presentaban las necesidades, y nosotros también lo intentamos (sacerdotes obreros, movimientos, capellanías, iniciativas socioeducativas, etc.) Esta dialéctica no siempre es fácil vivirla en el seno de un proyecto pastoral y como comunidad religiosa.
6) El lugar donde esta búsqueda se va realizando es la propia comunidad religiosa y en relación con laicos. El espacio principal es la revisión de vida y la revisión pastoral. Nuestro “ser comunitario”, con sus luces y sus sombras, creemos que nos prepara a enfrentar ese desafío en el terreno pastoral. Esta, junto a la primacía de Dios, ha sido la insistencia principal de nuestros últimos Capítulos
7)  Muy ligada a lo anterior está nuestra manera de situarnos en la Iglesia diocesana. Siempre hemos favorecido la relación, el trabajo en común, la amistad, la comunión con obispos, sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral allí donde estamos. Creemos que es una de las características de nuestro carisma. Y cuando surgen tensiones, divergencias, etc., no aislarnos, no desesperar, cultivar los encuentros.
8) Si hubiera una categoría para resumir todo esto, tanto en nuestra experiencia de Dios, como comunitaria, pastoral y eclesial, nos conviene bien la que el Papa Francisco ha subrayado para toda la Iglesia: EL ENCUENTRO.
Finalmente, hay algo sobre lo que últimamente venimos reflexionando más, quizás por la constatación de nuestra fragilidad a muchos niveles y la del entorno eclesial: una personalidad religiosa, individual o comunitaria, que aúne, la creatividad, el coraje, el emprendimiento, con la humildad y la pobreza evangélica, lejos de todo orgullo pastoral o ideológico. Eso evitaría desánimos y “acedias”, presentes en no pocos compañeros sacerdotes. Lo cual exige un trabajo permanente sobre nosotros mismos y poner nuestra confianza en el Señor, que nunca ha abandonado a su pueblo y a su Iglesia.

Posibles preguntas para el diálogo
¿Cómo resuenan en ti estas convicciones y desafíos?
¿Cuál es tu experiencia y tu preocupación como creyente, como pastor/a y apóstol?




COMITÉ INTERNACIONAL DE LOS HIJOS DE LA CARIDAD

Del 4 al 10 de marzo de 2019 se ha reunido en París (Issy-les-Moulineaux) el Comité Internacional de los Hijos de la Caridad. Comprende a los responsables de los 12 países donde estamos presentes, junto al Consejo General. Lo hace al menos dos veces cada seis años, entre dos Capítulos, para tomar el pulso a la vida de la congregación y a su misión, teniendo como referencia las decisiones y orientaciones del Capítulo. Esta vez tenía una especial importancia al celebrarse el centenario de nuestra fundación. Ha sido ocasión para compartir y revisar las iniciativas que cada país está tomando para revitalizar nuestra vida religiosa y nuestra misión en medio de los barrios populares y sus gentes, en Europa, África, Asia y América, presididos por la convicción que resumía el Capítulo de 2018: “Él acompaña nuestro caminar”, y el Triple Ideal que guio al P. Anizan, nuestro fundador: “la santidad, la fecundidad apostólica y la evangelización de los pobres”

Con esa convicción, hemos repasado los aspectos vitales de nuestra vida: nuestra relación con Dios, cómo crecemos en nuestra personalidad de hombres centrados en Dios; nuestra relación con el pueblo al que servimos, cómo nos dejamos modelar por las actitudes de Jesús Buen Pastor de las muchedumbres abandonadas; cómo anunciamos hoy la Buena Noticia a los pobres, a esas muchedumbres entre, las que vivimos; nuestra relación fraterna entre nosotros, cómo compartimos vida, preocupaciones, misión, experiencia de Dios.